Nuestros hijos nos manipulan. Saben como doblarnos el brazo, arrinconarnos y ponernos contra las cuerdas.
Lo hacen por múltiples razones. Una de ellas es que necesitan llamar nuestra atención. Otra es que desean evitar sanciones o conseguir algún capricho. También nos manipulan porque es un método efectivo para alcanzar ciertas metas.
Por motivos culturales (no vimos a quienes tenían figura paterna hacerlo cuando eramos niños), económicos (hay que trabajar y trabajar para tener y pagar), personales (las preocupaciones y los problemas nos indisponen) y por otras causas, no dedicamos el tiempo suficiente a nuestros hijos y no les demostramos efectivamente el amor que por ellos sentimos. Como consecuencia, nuestros muchachos buscan la manera de robarnos un poco de atención. Si no los notamos a las buenas, nos toca a las malas.
¿Cómo nos manipulan?
Usan diferentes técnicas. Una de ellas es la aplanadora, con la cual nos machacan hasta que cedemos. Esta estrategia consiste en la insistente solicitud del permiso o el objeto que desean. Por ejemplo, "¿Me lo compras?" o "¿me dejas ir?", repetido tantas veces que nos debilitan.
Usualmente recurren a la mentira. Todo joven comete errores. Lleva a cabo travesuras y otras acciones que los adultos reprobamos. Para evitar las sanciones del caso nos manipulan. Recuerdo cuando cursaba el bachillerato. Cometí en un par de ocasiones la desfachatez de contestar groseramente a mis profesores. Por lo cual, me hicieron ir con mi mamá al colegio. Yo me aseguraba que fuese bien afilada, lo cual quería decir en el argot juvenil de mi época que yo le contaba a mi mamá una versión acomodada de los hechos y la convencía que yo era una mansa paloma y que los profesores me la tenían dedicada. Manipulaba a mi mamá para que ella fuera a defenderme y a atacar a los profesores. Les cuento que me dio excelentes resultados.
Otra manera de manipular es a través de la venganza. Cuando no les damos lo que quieren o los dejamos hacer lo que desean, comienzan a comportarse de una manera que saben que no aprobamos. No cumplen con las tareas o con los deberes asignados, por ejemplo.
Algunas veces recurren al silencio. Es decir, nos castigan con el látigo de la indiferencia.
¿Cómo resolvemos el problema?
No hay recetas ni tips para evitar o desalentar la manipulación por parte de nuestros hijos. Sin embargo, existen principios, los cuales nos llevaran a puerto seguro si los tenemos en cuenta. A continuación presento algunos.
Tenga claro cuáles son las razones de sus respuesta. Cuando responda a sus hijos, no lo haga por enojo o por euforia. Antes de responder al asunto que sea, asegúrese de pensar. No niegue permiso o pedido alguno, ni dé órdenes, si no tiene buenas razones para hacerlo. No dude en explicarle a sus hijos por qué usted no autoriza su pedido o espera que realicen lo que usted haya indicado.
Ojo: "porque yo lo digo", "porque a tu papá no le gusta", "porque yo soy el que mando", "porque yo soy el dueño de la casa", y "porque yo soy quien te mantiene" son razones de poca monta. "Porque yo lo digo" y otras explicaciones parecidas pueden hacer que el muchacho lo vea como un tirano. "Porque yo soy el dueño de la casa" o "porque yo te mantengo" pueden sembrar en el chico el deseo de trabajar para no tener que obedecer.
Sea firme. Si usted tiene claro qué es lo que quiere para sus hijos y tiene buenas razones para sus respuestas y órdenes, sea firme. No se altere, no grite, no amenace, no golpee, ni chantajee. Manténgase en su punto. Cuantas veces el joven insista, repita de una manera reposada la orden dada.
Aplique correctivos. Toda acción debe tener una reacción. Un buen comportamiento debe ir acompañado de reconocimiento por parte del padre (digo reconocimiento, no regalos). De igual manera, toda desobediencia o falta de respeto debe ir acompañada de consecuencias, las cuales tienen que estar relacionadas con la falta cometida. Por ejemplo, si el joven no está cumpliendo con los deberes escolares, debemos identificar qué está ocupando el tiempo que debería dedicar a las tareas. Nuestra sanción debe ir dirigida a la limitación de los factores distractores, los cuales pueden ser el Internet o el teléfono. En ese caso, quitamos temporalmente el uso de esos servicios.
Predique y aplique. La mejor manera de enseñar a nuestros hijos es a través del ejemplo. En este campo viene como anillo al dedo lo dicho por Ralph Waldo Emerson: "Lo que eres habla tan alto, que no me deja escuchar lo que dices". También es muy cierto el dicho popular: "de tal palo, tal astilla". Seamos palos dignos.
No comments:
Post a Comment